La inteligencia artificial va a mejorar nuestras vidas.
Nos permitirĂĄ trabajar mĂĄs rĂĄpido, aprender mĂĄs fĂĄcilmente, resolver problemas que hoy parecen imposibles y eliminar muchas tareas que nadie realmente quiere hacer.
Pero existe otra parte de esta revoluciĂłn de la que hablamos mucho menos.
Cada vez que la tecnologĂa hace algo por nosotros, tambiĂŠn dejamos de necesitar hacer ciertas cosas nosotros mismos.
Y con el tiempo, una capacidad que no utilizamos puede debilitarse.
Antes tenĂamos que recordar nĂşmeros de telĂŠfono.
Ahora el telĂŠfono los recuerda por nosotros.
Antes tenĂamos que aprender a orientarnos en una ciudad.
Ahora seguimos una flecha en Google Maps.
Antes buscĂĄbamos informaciĂłn, comparĂĄbamos diferentes fuentes y llegĂĄbamos a nuestras propias conclusiones.
Ahora un algoritmo decide gran parte de la informaciĂłn que aparece frente a nosotros.
La tecnologĂa nos hace mĂĄs eficientes.
Pero la eficiencia siempre tiene un precio si no somos conscientes de lo que estamos delegando.
Las redes sociales son un buen ejemplo.
Probablemente nunca habĂamos estado tan conectados.
Podemos hablar instantĂĄneamente con personas en cualquier parte del mundo.
Podemos conocer quĂŠ estĂĄ haciendo alguien sin haber hablado con esa persona durante aĂąos.
Podemos tener miles o millones de personas dentro de nuestra red.
Y, aun asĂ, podemos sentirnos profundamente solos.
Porque estar conectado no significa necesariamente tener conexiĂłn humana.
Una conversaciĂłn mirando a alguien a los ojos es diferente a enviarle un mensaje.
Compartir una cena es diferente a reaccionar a una historia.
Conocer profundamente a cinco personas puede ser mucho mĂĄs valioso que tener cinco mil contactos.
TambiĂŠn hay algo todavĂa mĂĄs importante.
Las plataformas no solamente nos muestran informaciĂłn.
Deciden quĂŠ informaciĂłn vemos.
Los algoritmos aprenden nuestros gustos, nuestros miedos, nuestras preferencias y aquello que mantiene nuestra atenciĂłn.
DespuĂŠs utilizan esa informaciĂłn para mostrarnos mĂĄs de lo mismo.
Poco a poco podemos terminar viviendo dentro de una versiĂłn del mundo diseĂąada especĂficamente para nosotros.
Y eso afecta nuestro criterio.
Nuestras opiniones.
Nuestros gustos.
Incluso nuestras decisiones.
La inteligencia artificial llevarĂĄ este fenĂłmeno todavĂa mĂĄs lejos.
Muy pronto serĂĄ completamente normal pedirle a una IA que escriba nuestros correos, prepare nuestras presentaciones, responda nuestros mensajes, resuma nuestros libros, tome notas, programe, investigue y nos recomiende quĂŠ decisiĂłn tomar.
Todo eso puede ser extraordinariamente Ăştil.
El peligro aparece cuando dejamos de utilizar la IA como una herramienta y empezamos a utilizarla como sustituto de nuestro pensamiento.
Si nunca intenta recordar algo porque sabe que puede preguntarle a una mĂĄquina, su memoria importa menos.
Si nunca escribe porque una IA escribe mejor, deja de practicar cĂłmo organizar sus pensamientos.
Si nunca investiga porque alguien puede darle una respuesta inmediata, pierde parte de la capacidad de cuestionar.
Y si cada decisiĂłn pasa por un algoritmo, lentamente puede perder algo todavĂa mĂĄs importante:
su criterio.
Por eso creo que una de las habilidades mĂĄs importantes de los prĂłximos aĂąos no serĂĄ simplemente aprender a utilizar inteligencia artificial.
SerĂĄ aprender cuĂĄndo no utilizarla.
HabrĂĄ momentos donde pensar por usted mismo sea menos eficiente.
HĂĄgalo de todos modos.
HabrĂĄ conversaciones que podrĂan resolverse enviando un mensaje.
Vaya y hable con la persona.
HabrĂĄ ideas que una IA podrĂa escribir mejor.
Intente escribirlas primero.
Memorice cosas.
Lea libros completos.
Mantenga conversaciones largas.
Pase tiempo sin su telĂŠfono.
AbĂşrrase.
Piense.
Observe.
Haga cosas difĂciles aunque exista una manera tecnolĂłgica de evitarlas.
No porque la tecnologĂa sea mala.
Sino porque algunas dificultades son precisamente las que mantienen fuertes nuestras capacidades humanas.
La IA deberĂa convertirse en una extensiĂłn de nuestra inteligencia, no en un reemplazo de ella.
DeberĂa permitirnos pensar mĂĄs lejos, no dejar de pensar.
Crear mĂĄs, no dejar de crear.
Conectarnos mejor, no sustituir nuestras relaciones.
El futuro probablemente estarĂĄ lleno de mĂĄquinas cada vez mĂĄs parecidas a los humanos.
Nuestra responsabilidad serĂĄ asegurarnos de que los humanos no terminemos comportĂĄndonos cada vez mĂĄs como mĂĄquinas.
Utilice la inteligencia artificial.
AprovĂŠchela.
Construya con ella.
Pero conserve su criterio, su curiosidad, su memoria, su atenciĂłn y sus relaciones humanas.
No se convierta en un bot.
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